





29 - Rómulo y Remo. P.P. Rubens; siglos XVI – XVII. Museos Capitolinos (Roma)
Eneas no posee connotaciones iconográficas precisas. Los artistas ilustran las aventuras del héroe inspirándose principalmente en la Eneida de Virgilio, representándolo en pinturas singulares o en series de frescos.


A Diana se la representa como joven cazadora, vestida con túnica y los cabellos recogidos. Entre sus atributos, la media luna sobre la cabeza, el arco y las flechas; a veces lleva una lanza. Acompañan uno o más perros o un ciervo. 

Juno, violenta y vengativa, mujer de Júpiter, se suele representar con una diadema y un cetro, para indicar su posición de reina del Olimpo. Es la más importante de todas la divinidades olímpica femeninas, mujer y hermana de Júpiter, protectora del matrimonio y de los partos. Generalmente se representa a Argos dormido con apariencia de pastor con muchos ojos, apoyado en una roca o acostado junto a un árbol.
La tradición no se pone de acuerdo respecto al padre de Argos, considerado hijo de Agenor, Arestor o Ínaco. También se le llama Panoptes, el que todo lo ve, o Argos de los muchos ojos. La figura de Argos se recuerda principalmente en el ámbito de la historia que tiene por protagonista a Io, hija del dios fluvial Ínaco, amada por Júpiter y transformada por el dios en novilla para librarla de la ira de su mujer Juno. Dándose cuenta del engaño, la reina de los dioses pide a su marido que le regale la novilla y confía el animal a la custodia de Argos, quien, dotado de numerosos ojos, puede al mismo tiempo dormir y vigilar, haciéndoles reposar por turnos. Preocupado por la suerte de la amada, Júpiter solicita la ayuda de Mercurio, quien consigue dormir completamente a Argos con el sonido de su flauta y entonces lo mata.
Según otras versiones del mito, el dios duerme a Argos con su varilla divina (caduceo) y luego lo abate, golpeándole con una piedra. Para honrar a su servidor, Juno coloca sus ojos en la cola del pavo real, animal consagrado a la diosa.
Argos se representa mientras, observado por Mercurio, vigila a Io o mientras se adormece al sonido de la flauta; los pintores lo retratan a veces muerto, mientras Juno coloca sus ojos en la cola de los pavos reales con ayuda de amorcillos.
En el cuadro, las manchas coloradas en la cola de los pavos reales son los ojos de Argos que Juno ha colocado en la cola de los animales consagrados a ella en memoria del guardián de los cien ojos, encargado de custodiar a Io y al que Mercurio mata. El arco iris, entre el cielo y la tierra, es el atributo de Iris, mensajera de los dioses y al servicio de Juno, representada en el momento de arrancar los ojos de la cabeza de Argos. El pavo real es uno de los símbolos de Juno, aquí representada en el momento de tomar los ojos de Argos para colocarlos en la cola de los pavos reales. Argos yace exánime en tierra.
Representado como un joven atlético, el mensajero de los dioses lleva un gorro alado, llamado petaso, calzado alado y empuña el caduceo. Comúnmente se le considera mensajero de los dioses, pero es también el dios protector del comercio y de los viajeros.
Famosa tejedora, a Aracne se la representa habitualmente sentada en el telar mientras la diosa Minerva, con armadura, la observa trabajar. A veces la joven, en pie con el brazo extendido, muestra orgullosa su obra o bien se la representa con la telaraña entre las manos.
Una de las atribuciones de la diosa Atenea es la de vigilar algunas actividades domésticas, sobre todo el hilado y el tejido. Es famoso el episodio en que la diosa transforma en araña a Aracne, la hilandera que se atrevió a desafiarla.
Aracne, una joven de Lidia, hija de un famoso teñidor de púrpura, Idmón de Colofón, era tan hábil en el arte del tejido que incluso las ninfas se acercaban a observarla mientras trabaja. Engreída, Aracne se declaró superior a la misma Minerva y desafió a la diosa, protectora de todas las artes, incluida la de fabricar tejidos.
Adoptando la apariencia de una vieja, Minerva intentó primeramente inducir a Aracne a que se excusase por su descaro, pero la joven no desistió y hasta se obstinó en su insolencia. De modo que Minerva se descubrió y aceptó el desafió. Sin intimidarse, Aracne comenzó a tejer su tela en la que representaba los amores de los dioses: Europa arrebatada por Júpiter transformado en toro; Asteria forcejeando contra el mismo dios metamorfoseado en águila; Leda, de la que aquél se hacía amar tomando la forma de cisne; Alcmene, a la que engañaba usurpando los rasgos de Anfitrión; Dánae y la lluvia de oro; Egina y la llama viva; Mnemósine y el pastor. Sin embargo a la diosa no le agradó el tema representado y, furiosa, hizo jirones la tela y golpeó a Aracne con la lanzadera. Entonces la muchacha, abrumada por la ira de la diosa, intentó ahorcarse desesperada, pero Minerva, compadecida de la joven, la sostuvo en los aires para que no acabara de estrangularse y la transformó en araña. Bajo esta nueva forma, Aracne conserva aún su pasión por hilar y tejer la tela. De hecho, los antiguos creían que la araña –en griego aráchne- producía la tela tejiéndola.

